El arte y la industria del doblaje en España

29.05.2019

El doblaje existe en España desde los años 30, tiempos de la República, y llegó a las pantallas de Europa de la mano del cine sonoro.

Con la dictadura, el doblaje se convirtió en un instrumento más de la censura franquista, al igual que ocurrió con la censura literaria y la del cine de producción nacional.

"Queda prohibida la proyección cinematográfica en otro idioma que no sea el español, salvo autorización que concederá el Sindicato Nacional del Espectáculo, de acuerdo con el Ministerio de Industria y Comercio y siempre que las películas en cuestión hayan sido previamente dobladas. El doblaje deberá realizarse en estudios españoles que radiquen en territorio nacional y por personal español". Es la orden ministerial del 24 de abril de 1941.

En muchas de las películas españolas de los años 50, 60 y 70, los intérpretes originales estaban doblados por actores y actrices de doblaje.

Los motivos eran diversos; mejorar la mala calidad del sonido directo, rehacer algunas interpretaciones, cambiar diálogos por razones de montaje...

Las distribuidoras contrataron a los directores de cine más relevantes de cada país para que éstos se hicieran cargo de la adaptación y la dirección de los doblajes. Podría afirmarse que el primer director de doblaje español fue Luis Buñuel.

Claro que, más allá del idioma, el recurso también era un modo de censura, que permitía alterar los diálogos originales a la propia grandeza del régimen.


El ejemplo, clásico por supuesto, es Casablanca (1942). El inspector francés que interpreta Claude Rains le recuerda a Humphrey Bogart / Rick Blaine que "en 1935 llevó armas a Etiopía. En 1936 luchó en España en el bando republicano".


Evidentemente, en España se escuchó bien diferente: "En 1935 introdujo armas en Etiopía. En 1938 luchó como pudo contra la anexión de Austria".


Incluso el 'texto' cambia en lo que propiamente no es un doblaje, sino técnicamente una 'sonorización', o sea doblaje en un mismo idioma.


Hay muchos ejemplos de 'guiones' alterados, después incluso que en 1946, en donde la obligatoriedad del doblaje o la orden ministerial se suspende, hecho que no aparece en el BOE hasta el 25 de enero de 1947.


Pero ya quedaba ahí, todo el mundo hizo oídos sordos, por si acaso: las órdenes de Franco seguían siendo órdenes, al margen de su estatus legal.

Así, la saga de diálogos doblados y alterados en algún paisaje, y no sólo por alusiones franquistas, sino también "morales", es amplia: La dama de Shangai (1947), Mogambo (1953) o La túnica sagrada (1953).

Aunque nuestra larga tradición ha supuesto que el doblaje realizado en nuestro país siempre haya sido muy valorado en todo el mundo.

No sería exagerado decir que España ha sido y continúa siendo un referente mundial en este sector, tanto por la calidad de sus doblajes como por el nivel técnico y de sonorización en sus instalaciones.

Desde sus inicios (con una técnica de grabación muy rudimentaria que fue mejorando lentamente) hasta finales de los años 70, el doblaje requería un proceso muy artesanal y una técnica de sincronización muy depurada.

Con la aparición del vídeo, en los años 80, se vivió la primera revolución: había mucha más producción y el proceso de grabación era mucho más ágil y menos costoso.

Pocos años después, en los años 90, la aparición del sonido digital rompió todavía más los moldes y aumentó la productividad hasta límites jamás imaginados por nuestros veteranos pocos años atrás.

A pesar de los avances tecnológicos, que han condicionado notablemente todo el proceso, al aportar una gran velocidad en todas las etapas y una mayor productividad, todavía prevalece una esencia artesanal que nos lleva, a los que aprendimos este oficio de una forma analógica, a seguir enfrentándonos diariamente a cada trabajo con el mismo espíritu que heredamos de los grandes maestros.


Lo cierto es que hay nombres imperecederos como Rogelio Hernández, Ricard Solans, Claudio Rodríguez, Jordi Brau, Manolo García, Javier Dotú, Marta Tamarit y Constantino Romero, entre otros.


Más allá de cines puntuales en Madrid y en Barcelona, el espectador no puede acceder a ver la obra cinematográfica íntegra en pantallas de cine, pese a que la difusión del cine en DVD ha aumentado el número de públicos, pero éstos no son rentables, ni mucho menos.


Claro que no es un buen momento, si cada vez van menos espectadores al cine, si además tan sólo pudieran ver subtítulos la cifra se reduciría aún mucho más. Dado que leer subtítulos es, como todo, un ejercicio de costumbre.


Y tanto. Por ejemplo, son los países que en el periodo de entreguerras del siglo XX estuvieron bajo el yugo de una dictadura mantienen aún viva la tradición del doblaje. Además de en España, es una práctica habitual en Italia y Alemania, entre otros. En el Reino Unido o los países nórdicos tan sólo se doblan las películas y programas dirigidos a niños.


Para aprender sobre un asunto como leer a un experto hablando de ese tema, «Historia del doblaje español», libro publicado en 2017 por la editorial Nostrum y elaborado por el escritor y actor de doblaje Javier Dotú, es una lectura obligada para entender lo que ha dado de sí este arte en toda la extensión cinematográfica de nuestro país.

A lo largo de sus 325 páginas y 33 capítulos (o bucles, en un claro guiño a la profesión), esta publicación distribuida también en seis epígrafes (o bobinas, otro homenaje) pretende desgranar, ni más ni menos, lo que deja tan claro en su título: la historia del doblaje en España.

Desde finales del siglo XIX, con la aparición del cinematógrafo de manos de los hermanos Lumière, pasando por los inicios del siglo XX y las importantísimas figuras de los «explicadores». Analizando también la aparición de la música en el cine mudo, que en sus inicios pretendía ocultar los bullicios que se generaban en las salas, hasta llegar al franquismo y la censura existente en la época, y extenderse hasta el día de hoy.

El libro es un repaso perfecto a este esplendoroso arte que hace posible que «una película norteamericana, o una serie de televisión francesa, o unos dibujos animados japoneses, o un documental finlandés», lleguen a los espectadores «en perfecto español».

La publicación también analiza un sinfín de curiosidades, esclarece conceptos fundamentales en la historia del doblaje (y del cine) español, como los «takes» o tomas, y destaca que, al contrario que en muchos otros campos, en el mundo del doblaje nunca han existido diferencias entre hombres y mujeres, sino todo lo contrario. Como explica Dotú, el trabajo de doblaje de los personajes femeninos siempre ha sido altamente valorado.

Además, deja para el recuerdo un sinfín de anécdotas rememoradas por el autor. Entre ellas, una que alude al histórico presentador y actor de doblaje español Constantino Romero, que falleció en mayo de 2013 a consecuencia de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que padecía.

Según el relato del escritor, Romero, voz habitual de actores como Clint Eastwood, Arnold Schwarzenegger, James Earl Jones, y que también le puso voz a Mufasa en «El Rey León», se inició por total casualidad en el mundo del doblaje, por lo que estas voces, que con tanta asiduidad asociamos a un tono de voz tan característico cuando vemos una película, podía haber sido otra.

Cabe destacar que Javier Dotú, a sus 73 años, es también una de las voces más características del cine y la televisión española.

Ha interpretado, en casi setenta ocasiones, a actores tan reconocibles como Kevin Spacey, Al Pacino, Kyle MacLachlan o Alan Alda.

Además, es reconocido como la voz masculina que anuncia las paradas del Metro de Madrid, y también le puso voz al detective Starsky (el moreno) en la prestigiosa serie «Starsky y Hutch».

Es autor de otros libros como «Términos y anécdotas teatrales»; «El actor de doblaje»; u «Origen y significado de los nombres de los pueblos de la Comunidad de Madrid».