Origen y evolución de la cámara cinematográfica

30.04.2019

En tiempos pasados se dió un giro radical en la sección sobre cine de Papel de Periódico para adentrarse en la historia, técnicas, movimientos y estilismos del séptimo arte.

La fecha exacta que se considera para el nacimiento del cine es el 28 de diciembre de 1895, cuando los hermanos Louis y Auguste Lumière presentaron un total de 10 películas de corta duración a la asombrada audiencia de el Gran Café de París.

35 personas estuvieron presentes en esa primera proyección pública, entre los que se encontraba (aunque ya había asistido a un pase privado) Georges Méliès, uno de los padres del cine como espectáculo, tal como lo conocemos hoy en día.

Los primeros espectadores estaban realmente impactados por el nuevo invento, pero no era algo tan ajeno a ellos como se podría pensar.

Ya desde el siglo XVII encontramos los primeros antecedentes claros del cine, en las linternas mágicas.

La linterna mágica era un primitivo tipo de proyector de imágenes, realizadas y dibujadas a mano, que ya fomentaban el entretenimiento colectivo en torno a una proyección.

Muchas de ellas iban acompañadas de música y subtítulos, y llegaron a ser realmente intrincadas y artísticas.

Buena parte de la narración cinematográfica viene heredada de este tipo de proyecciones.

Su uso principal consistía en educar y entretener, siendo normalmente las diapositivas del tipo de entretenimiento cómicas o fantásticas.

Aunque, el verdadero precursor del proyector cinematográfico fue el kinetoscopio.

No se entendería la evolución técnica y comercial del medio cinematográfico sin este aparato, desarrollado por William Kennedy Laurie Dickson junto a Thomas Edison, a principios de 1890.

Ya encontramos en el kinetoscopio términos que nos sonarán familiares, como son las tiras de película perforada de 35 mm.

El kinetoscopio consiste en un aparato que, a través de un orificio, permitía ver imágenes en movimiento sobre un fondo oscuro, gracias a la persistencia retiniana, otro de los conceptos ineludibles a la hora de hablar de los orígenes del cine y su efecto.

La persistencia retiniana es la perdurabilidad, en la retina, de una imagen en movimiento un instante después de haber desaparecido de nuestra vista.

Esta persistencia retiniana, a 24 fotogramas por segundo, nos crea la ilusión perfecta de movimiento sin ningún tipo de parpadeo.

Así llegamos a la creación de la primera cámara cinematográfica, su grabación y, por supuesto, la posterior proyección.

La primera pieza filmada con una cámara de cine fue Salida de la fábrica Lumière, estrenada en un pase privado el 22 de marzo de 1895, al que comentamos que había asistido Méliès.

La nada espectacular grabación causó sensación entre los espectadores, que se acostumbraron al uso de la cinematografía como medio para capturar imágenes cotidianas en movimiento, prácticamente el mismo uso que le han dado nuestras madres durante años a las cámaras de video, desde las míticas Súper-8 hasta las modernas cámaras de los móviles.

Por un tiempo, el cine fue considerado una atracción menor, incluso un número de feria, pero el puntapié inicial para realizar historias y experimentar recursos narrativos visuales fue cuando Georges Méliès un ilusionista que en principio, usó el cinematógrafo como un elemento más para sus espectáculos.

Luego los desarrollaría en el cine, creando rudimentarios efectos especiales.

Los noveles realizadores captaron las grandes posibilidades que el invento ofrecía y fue así como en la primera década del siglo XX surgieron múltiples pequeños estudios fílmicos, tanto en Estados Unidos como en Europa.

En la época, los filmes eran de pocos minutos y metraje, trataban temas más o menos simples, y tanto por decorados como por vestuario, eran de producción relativamente barata.

En Estados Unidos, David W. Griffith, con El nacimiento de una nación e Intolerancia, cambió el cine para siempre, hasta el punto que se afirma que con él nace de verdad el lenguaje cinematográfico.


Hoy en día las modernas técnicas de producción digitales, asociadas a internet, han propiciado lo que se conoce como cine unipersonal o solo filmmaking, es decir, películas hechas casi íntegramente por una sola persona, circunstancia que se puede dar sobre todo en el cine de animación.


Ejemplos como Killer Bean Forever, de Jeff Lew, con una producción que emplea a en torno a seis personas, o La ruta de los elefantes, de Pedro Alonso Pablos, hecha íntegramente por él mismo con ayuda de una actriz de doblaje, comienzan a proliferar.


Actualmente no nos faltan cineastas con talento, tanto en España, resto de Europa, Estados Unidos y Asia. Pero desgraciadamente se les valora más por la caja que dejan en taquilla que por la calidad artística de sus obras.